“Nunca llegamos a saber quiénes somos o nunca llegamos a
fijar una sola de las múltiples personalidades que, como íncubos o súcubos, nos
habitan alternativamente, dependiendo de la hora del día, de la estación del
año, del estado de nuestras muelas o de la marcha de la economía doméstica.
Somos uno para desayunar, otro para comer, otro después de que nos hayan robado
la cartera y otro distinto, pletórico y ufano, tras una conquista sexual o un
ascenso. Somos fríos y racionales cuando abandonamos a un amante; románticos,
apasionados, extraordinariamente sensibles y harto rencorosos cuando los
abandonados somos nosotros. Sí, somos muchos y no tenemos ni idea de cuál de
nosotros estará de turno cuando llegue el momento de la despedida, cuál de
nuestros múltiples demonios internos exhalará nuestro último suspiro, si el
sabio plácido y generoso, que dirá adiós con una sonrisa y un perdón, o el
cobarde y egocéntrico, que gemirá con autocompasión y se aferrará a las sábanas
en un desesperado intento final de aferrarse a la vida y por eso cuando alguien
cercano, un amante, un hermano, nos dice: “Te conozco muy bien, perfectamente,
sé cómo eres”, nos encogemos de hombros y sonreímos para nuestros adentros,
pensando: “¿Cómo vas a conocerme tú, si ni yo mismo sé quién seré esta noche?”
Comentarios
Publicar un comentario